miércoles 15 de julio de 2009

En este momento en el que el trabajo es tan complicado, las oportunidades son mínimas, solo aptas para los mas arriesgados, actitudinal y económicamente, la reflexión ultima sobre que es mejor si mantenerse al pairo bajo las ordenes estrictas de un responsable mientras amaina el temporal o tratar de buscar la opción del trabajo propio, del riesgo personal, y a veces familiar y lanzarse lejos de la seguridad que supone no ser responsable y no tener responsabilidades.

La elección a primera vista es fácil, supongo que todo esta en función de la edad. Los mas jóvenes que por serlo poseen menos cargas o mayor cobertura, deberían ser mas dados a buscar nuevos horizontes. Pero en la mayoría de los casos la seguridad de un sueldo, aunque sea mínimo, les da la opción de viajar, aunque sea a bajo precio, de comprar solo un poco de lo ultimo o de experimentar y cuadrar su relaciones interpersonales en lugares tan baratos como la calle o como internet. La vida por ahora, es así.

Quizás esta situación haga que aquellos que se empeñan en hacer algo más, aun a costa de la "normalidad", tengan más opciones de sobresalir, de acceder a situaciones de ventaja frente a los demás.

Quien ganara, los que aseguran minuto a minuto un par de meses de vacaciones o los que no saben distinguir entre trabajo y ocio.

¿Que hacemos con las reuniones maratonianas de los esforzados del cargo?. ¿Que hacemos con las puntuales jornadas de los recompensados con el ocio?

domingo 5 de octubre de 2008


ESPERA ILUSIONADA

Transcurrieron varios años sin que nada hubiera cambiado. Teníamos el oído mas perfecto, eso sí,, aunque más cansado, pero las esperanzas, el trabajo y las alabanzas al Jefe no solo no habían cambiado, sino que eran mas refinadas.

Yo era el primero que hasta en la privacidad del hogar, cuando tenía que referirme a él, le llamaba don. Aurelio, bajo las sonrisas burlonas de mi suegra y mi mujer, enteradas desde el principio de todo detalle de la situación.

Recién entrada la primavera, corrió como reguero de pólvora, que el “viejo” quería nombrar a alguien para Secretario lº, con el fin de que le sustituyera el día de mañana. Julián y yo nos pusimos la “armadura y cogimos la lanza más larga”.Empezaba el primer combate y tenía que ganarlo.

Los días siguientes fueron tensos y muy largos. El viernes se presentó despejado, cálido y en calma, invitando a fundirse con la Naturaleza. Lo mismo debió pensar D.Aurelio cuando amablemente nos invitó a Julian, a mi. y a las respectivas mujeres, a pasar el fin de semana en su casa de la costa.

Todo salió mal Una inopinada galerna, producía tanto ruido al golpear las olas sobre la peña en que se asentaba la casa, que fue imposible cualquier tipo de conversación. D. Aurelio, molesto por estos inconvenientes, nos propuso que Julián y yo nos fuéramos y ellos tres pasarían al pequeño comedor junto a la cocina, que estaba en la parte de atrás y no se oiría nada.

Creo que a Julián, tampoco le gusto la solución, pero tanto él como yo, contestamos afirmativamente como si estuviéramos muy satisfechos.

El viaje de vuelta fue un auténtico adelanto del infierno. Por lo pronto estábamos en manos de nuestras esposas y, ¿si tomaban una copa de mas? Y ¿Serían vengativas? . Si lo conseguían ¿qué pedirían a cambio? Pero lo que mas me dolía es que si no lograba mi ascenso, ya no lo tendría nunca pues el “viejo” no estaba para muchos trotes y toda la oficina se reiría de mi, mas si lo obtenía, todos sabrían como fue .y me despreciarían.

Jamás sabré si hice bien o mal.

miércoles 1 de octubre de 2008

Primer empleo


Era mi primer empleo y lo conseguí fácilmente. Leí como todos los días la sección de trabajo y aun re-cuerdo el texto del anuncio “Importante empresa de asuntos jurídicos desea cubrir en la Dirección de la misma las plazas de Secretario .l , Secretario 2 . y Secretario 3 .
Cumplía con todas condiciones exigidas, el sueldo era el normal y la jornada de lunes a viernes, era de seis horas, con lo que quedaría tiempo para mi descanso y “asuntillos” personales.
A mi me adjudicaron la plaza de Secretario 3 y la de secretario 2 , a Julian, antiguo compañero de Facultad. Siempre estuvo junto a los Catedráticos y aparentó saber más de lo que en realidad sabía.
Desde ese momento se oscureció el futuro, desapareció el ideal de paz y tuve que prepararme para lo que pudiera ocurrir.
Las primeras semanas pasaron atendiendo los asuntos propios de la Secretaría respectiva. Creí que mis temores habían sido infundados, pero una mañana de otoño, ví a Julian muy arreglado y nervioso, lanzarse hacia una puerta que hasta entonces no se había abierto: LA DEL PRESIDENTE. Aun suena en mis oídos la ·”exigencia” de aquella llamada. La guerra había empezado y yo perdí la primera batalla.
Yo, tiempo mas tarde, conocí al Presidente por casualidad. Julian estaba en el servicio cuando sonó el timbre del Jefe Supremo. Estuvo muy amable. Celebró conocerme y me dijo que pasara a su despacho cuantas veces quisiera y me encargó el trámite de de unos papeles.
Enseguida se enteró Julian y en silencio sin que dijéramos una sola palabra, nos declaramos beligerantes. Aumentó la vigilancia de todos los actos del compañero y se registraron papeles del contrario. El trato con el Presidente se hizo exquisito y nuestro horario de trabajo se multiplico por tres. En una palabra, vivíamos en el despacho y nuestro deseo por ascender y superar al compañero no decaía.
Quizás con otro Jefe no habría ocurrido, pero el Presidente era excepcional. Sin embargo el día que le dijo a Julian “Eres lento de entendimiento, joven” se quebró el “hechizo”.
¿De que depende que el hombre sea una herramienta, un valioso elemento fácilmente sustituible o simplemente un ser humano?
Y para trabajar, solo para trabajar se puede ser solo una cosa?